Dr. Raúl M. Alas
Parece que fue ayer cuando nos despedíamos del año viejo y emprendíamos el camino de uno nuevo. Han pasado pocos días desde entonces y como es habitual, muchos nos disponemos a practicar el tradicional ritual de esta época: me refiero concretamente al balance de actividades logradas en el 2008 y la formulación de un sinfín de nuevos propósitos para los próximos doce meses.
Aquí o allá, el fenómeno es generalizado. Aunque casi todos la practicamos en un grado u otro, la costumbre de efectuar la contabilidad del año la siguen expresamente las instituciones públicas y privadas, las organizaciones políticas y sociales, los comercios, los bancos, los medios de comunicación y, desde luego, muchas familias.
De hecho, los medios de comunicación, haciendo gala de ediciones extraordinarias, publican resúmenes especiales de los principales acontecimientos nacionales e internacionales del año. La lista de noticias parece ser interminable, los protagonistas son rostros muy conocidos y las consecuencias saltan a la vista en las variadas imágenes que nos ofrecen los periódicos y las cadenas de televisión. Indudablemente, este año que pasó, ha estado repleto de una variedad de sucesos que dejarán su impronta en la historia.
Sin embargo, lo más sobresaliente del balance anual lo protagonizamos cada uno de nosotros. En efecto, ninguna actividad es tan importante como la que hemos realizado con nuestro esfuerzo y dedicación diaria. Al mirar hacia atrás, tenemos que dar gracias a Dios por todos los frutos obtenidos y las satisfacciones alcanzadas en este año.
Como es natural, es probable que a muchos no nos hayan salido algunas de las cosas que nos propusimos realizar, pero en las próximas horas y días, nos formularemos nuevos e impostergables propósitos para el 2009; unos serán factibles y otros quizás no tanto: conocer algún sitio desconocido, hacer deporte, rebajar unas cuantas “libritas” de más, conseguir un nuevo empleo, cambiar de carro, sacar buenas notas, terminar la carrera, y quién sabe que otras cosas más.
En resumidas cuentas, no importa si al final no hemos conseguido cumplir todos nuestros objetivos en el año que nos deja, lo bueno es que tenemos voluntad y fuerzas para lograr nuevas metas en éste que recién comienza. Además, después de hacer balance, siempre resulta positivo pedir perdón a los nuestros por el amor que nos faltó durante el año.
Y ya que hemos dejado atrás el 2008, espero y deseo que el año nuevo nos depare a todos las mejores oportunidades y experiencias personales. Particularmente, anhelo que tengamos salud, paz y prosperidad. De antemano, ¡Feliz año nuevo para todos!