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¡Descubrí la Filosofía!

Licda. Gero Rodríguez Zabaleta
Catedrática de Filosofía - UNIS


Cuando comienzo las clases de filosofía, los alumnos tienen cara de…… ¡qué aburrido! Algunos no se atreven a expresarlo, otros más audaces lanzan la pregunta típica:
¿Para qué llevamos filosofía? ¿Qué tiene que ver con mi carrera? ¿Vamos a ver alguna película? ¿Tenemos que leer mucho?

Cuando pregunto a los alumnos de primer año, ¿Estudiaron en el colegio algo de Filosofía? Algunos contestan que sí, pero estudiaron solamente Lógica Matemática, otros Historia de la Filosofía, pero no se han enterado de que se trataba, se quedan con la biografía del filósofo. Lo que les encanta son “Los Mitos de Platón”.  Algunos, sí han estudiado a fondo, pero sin criterio. Lo que sí aseguro es que en los diez años que llevo dando esta asignatura en la universidad, he comprobado que en los colegios no  se les imparte la clase de Metafísica. Siendo una materia muy sencilla y la base para emitir juicios sobre las diferentes pensamientos filosóficos.

En la primera clase les digo que son filósofos. Todos somos filósofos o lo fuimos, y talvez no nos enteramos. De pequeños, muy pequeños, apenas podíamos articular bien las palabras, cuando comenzamos a preguntar a nuestros papás el porqué de la realidad. La famosa edad del porqué no es más que un filósofo en potencia. De niños, ya éramos filósofos. Teníamos una filosofía realista, nos fijábamos en lo real, en lo que las cosas son. Es una actitud natural. Nos movíamos en la línea de la verdad. Coincidía lo que veíamos en la realidad con el concepto, lo constatábamos y aceptábamos. No había más complicación. Todos hemos sido filósofos realistas.

Comprendimos también -por la propia experiencia- sobre la inestabilidad de las cosas materiales. Por ejemplo: un juguete sale fuera de nuestro juego porque ya no sirve, la muñeca ya no es muñeca, es un montón de material acumulado, el carrito se rompió, los zapatos se gastaron: ya no sirven. Esta experiencia poco a poco nos llevó a darnos cuenta que las cosas materiales se transforman, quiere decir que  toman otra forma, dejan de ser lo que son para pasar a ser otra cosa distinta. O también podíamos observar, que pintaban nuestro cuarto de otro color, percibíamos que sólo cambiaba el color, pero que la pared del dormitorio seguía siendo la pared: sólo había cambiado una cualidad.

Los niños, por ser niños, todavía no se interesan de su interioridad. Les llama la atención el mundo real. Lo ven y lo admiten así. Precisamente la  Metafísica es parte de la Filosofía, que estudia la realidad. Por lo tanto fuimos Metafísicos con lenguaje empírico.

La adolescencia, todos la experimentamos. Es la edad del yo, de la introspección. Nos interesa: ¿Quiénes somos? ¿Me voy a morir yo solo, nadie estará dentro de mí? Si no se ha saldado el tema de la temporalidad-eternidad, se vuelve a replantear el tema. ¿Qué es la eternidad? ¿Para qué vivo si de todos modos me voy a morir? ¿Si soy libre, porqué me ponen normas? ¿Por qué no puedo hacer lo que me da la gana? ¿Qué será de mí después de la muerte? ¿Por qué existe el sufrimiento? El tema de la adolescencia pertenece a la Antropología Filosófica. A esta edad, no importa el mundo externo y si nos interesa, es únicamente porque tiene relación con nosotros. Seguimos siendo filósofos

La crisis ideológica comienza en los años de universidad. Es cuando nos planteamos el conocimiento de las diferentes formas de pensamiento: histórico, religioso, ético, político, social. Es una etapa de preguntas, respuestas, dudas, opiniones. Seguimos siendo filósofos. La Filosofía abarca todos estos temas.

La edad adulta, es el asentamiento del pensamiento, acuñada por los diferentes enfoques respondidos durante nuestra  vida, por las que todos los seres humanos pasamos. ¿Quiénes nos han respondido? son nuestros papás, maestros, amigos, parientes, medios de comunicación, lecturas, estudios, universidad, formas políticas o de gobierno, vivencias, etc. A esta edad se da la crítica madura y ponderada sobre los diversos tópicos filosóficos-reales.

Somos todos unos y unas grandes filósofos. Lo que tenemos que hacer es perder el miedo a pensar. A pensar bien. Recoger nuestro pasado y responder las dudas filosóficas que podemos tener, o lagunas que han quedado en el rescoldo de nuestra intimidad sin resolver, y que repercuten en la vida presente. La Filosofía nos resuelve la vida, la simplifica.

La filosofía no es un enjambre de ideas complicadas e inasequibles, la filosofía es vida. No es aburrida es apasionante porque está metida en nuestra propio ser, lo que hay que hacer es ¡Descubrirla!