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¿Quién es el Doctor Ernesto Cofiño?
Su nombre completo es Ernesto Guillermo Cofiño Ubico. Nació en Guatemala el 5 de junio de 1899, y fue bautizado católico cuatro días después. Fue el cuarto hijo de don José María Cofiño y de doña Clotilde Ubico.
Se casó en 1933 con doña Clemencia Samayoa Rubio. Vivió treinta años - hasta el fallecimiento de su esposa- en un matrimonio ejemplo de amor, de unidad, de convivencia, en cuyo seno nacieron 5 hijos que viven actualmente.
Posteriormente vivió otros veintiocho años, viudo, dedicado a sacar adelante a sus hijos, especialmente a José Luis que, cuando enviudó, tenía 6 años. Vivió intensamente el nacimiento y crecimiento de 21 nietos. A muchos de ellos preparó personalmente para la Primera Comunión.
Docencia universitaria: "padre de la Pediatría en Guatemala"
En 1919 inició sus estudios en la Facultad de Medicina de la Universidad de La Sorbona (Francia). Los finalizó en 1929. En enero de 1930 se incorporó a la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de San Carlos (USAC), donde creó la primera Cátedra de Pediatría del país. Fue el primer profesor y primer catedrático de esta rama médica, razón por la cual es considerado el iniciador y padre de la Pediatría en Guatemala. Ejerció esta cátedra durante 24 años, desde 1936 a 1960.
En el Hospital San Juan de Dios seleccionó y formó los primeros pediatras, que después completaron sus estudios de postgrado en diversas clínicas pediátricas extranjeras. Se interesó continuamente por su desarrollo ético, profesional y humano.
Vasta labor socio-asistencial: "un organizador de primera categoría"
Preocupado por socorrer a los niños y a los pobres, desarrolló una amplísima labor de tipo socio-asistencial. Algunos ejemplos: en San Juan Sacatepéquez creó el Sanatorio Antituberculoso Infantil (1942); allí mismo creó la Unidad Asistencial de San Juan (1946); fue Director del Centro Educativo Asistencial (antiguo Hospicio Nacional) desde 1951 hasta 1955; también fue Director Médico de la Sociedad Protectora del Niño (1940- 1946) y Director de la Lucha Nacional contra la Tuberculosis (1945- 1946); fue nombrado Interventor de la Asociación de Guarderías Infantiles de Bienestar Social (1954), hecho que ayudó radicalmente a su mejoramiento; fue Director de Caritas de Guatemala durante tres años, en los que organizó la distribución de alimentos en barrios de pocos recursos económicos, abarcando cerca de 90 mil personas; fue Delegado por Guatemala en 1976, impulsó y fue cofundador de la Fundación para el Desarrollo Integral (FUDI), que ayudó a reconstruir la aldea Sajcavillá, cerca de San Juan Sacatepéquez. Fundación que ahora impulsa el Centro de Formación Rural Utz Samaj, cercano a Tecpán, Chimaltenango.
Una vida de coherencia cristiana
"Voluntad de trabajo y sacrificio": voluntad recia, corazón grande, exquisita sensibilidad social, hombre de bien sin envidias, verdadero maestro y amigo, honradez profesional intachable, preparación cultural amplia, simpatía personal envidiable, exigente con su trabajo y con el ajeno, ... Se quedan cortos los adjetivos para describir a un hombre normal, que supo convertir cada minuto de su vida en un poema épico. ¿Cuál fue su secreto? Se entregó, sin reservas de ningún tipo, a Dios y a los demás: así fue como llenó de sentido lo cotidiano, así fue como un hombre ordinario se convirtió en alguien verdaderamente extraordinario. Sin embargo, para poder comprender más a fondo este hecho, es necesario adelantarse en un suceso que marcó indeleblemente su vida: su incorporación al Opus Dei.
Habiendo conocido el Opus Dei, Institución de la Iglesia Católica fundada por San José María Escrivá de Balaguer el 2 de octubre de 1928, para promover entre personas de toda condición la santificación en medio del mundo a través del trabajo ordinario, encontró en este camino la respuesta que debía dar a la llamada a la santidad que hace Dios a todos los cristianos. Pasó a formar parte de la Prelatura del Opus Dei en el año 1956 como miembro Supernumerario.
A partir de esta fecha, intensificó su trato con Dios en la oración, en la mortificación, en la Santa Misa y Comunión diarias, en la Confesión semanal. Creció su devoción a la Santísima Virgen, convirtiéndose en gran propagador del rezo diario del Santo Rosario; se aplicó al estudio y a la formación doctrinal-religiosa, e intensificó su apostolado buscando comunicar alegría y su generosidad a muchísimas personas, a las que animaba a colaborar económicamente y con sus oraciones en el impulso de labores de promoción humana y cristiana, en las cuales trabajaba con gran espíritu de sacrificio, dispuesto a poner en práctica la doctrina de la Iglesia.
El enfoque que le daba a su trabajo se enriqueció notablemente: lo convirtió también en medio de santidad, dándole una dimensión sobrenatural. Esta dimensión cristiana del trabajo lo llevó a profundizar mucho más en sus relaciones profesionales: impregnó su exquisita sensibilidad social y gran sentido profesional con el urgente afán de recristianizar la sociedad. Trabajó cada vez más y mejor, pues sabía que sirviendo y amando a los demás, servía y amaba al mismo Dios. Creció su deseo de amar a Dios, en una forma que él mismo califica de “vehemente”.
"Conservar, no destruir la vida incipiente"
Fue un apasionado defensor del derecho y el amor a la vida, especialmente en el no nacido. Su lema en ese campo fue: “Conservar, no destruir la vida incipiente”. Se puede decir que el doctor Cofiño fue uno de los indicadores de las campañas pro-vida en nuestro país, dictando, en muchísimos lugares del territorio nacional, charlas sobre este tema a miles de personas: hombres y mujeres, jóvenes y viejos, universitarios, enfermeras, estudiantes de Medicina, médicos titulados, ..., en fin: su amor por la vida no tuvo fronteras de ningún tipo.
Forjador de juventudes
Su corazón nunca envejeció. Vio en la juventud la esperanza de un mundo más digno del ser humano. En consecuencia, desarrolló una vasta labor académica entre los jóvenes de nuestro país, fomentando diversas iniciativas destinadas a la formación integral de los mismos. Fue el primer Rector del centro Universitario Ciudad Vieja, que comenzó a operar en 1958. Impulsó la creación del Instituto Femenino de Estudios Superiores (IFES) y la Residencia para Estudiantes Verapaz (para universitarias). Promovió el Centro de Formación Profesional para la Mujer Junkabal y el Centro Educativo Técnico Laboral Kinal, dirigido a jóvenes de escasos recursos.
A los 80 años se le detectó un cáncer en la mandíbula. Tuvieron que quitarle tres cuartas partes del maxilar inferior. Era la excusa perfecta para retirarse y, por decirlo de alguna manera, “dormirse en sus laureles”. Pero no era su estilo. Para el doctor Cofiño el cáncer fue como el parón que hace un deportista para recobrar fuerzas, tomar aire, y dar el mejor esfuerzo al final, pues siguió trabajando con gran empeño. Sólo lo pudo detener una cosa: el rebote del cáncer a sus 92 años. Luchó por vencerlo, porque quería vivir más para seguir sirviendo, pero ya Dios lo quería a su lado. Murió santamente, auxiliado con los últimos sacramentos, después de una enfermedad larga y dolorosa, llevada con fortaleza y conformidad, el 17 de octubre de 1991, a las 7:30 de la mañana, en la ciudad de Guatemala, “exprimido como un limón”.
Actualidad de su figura y su mensaje
La Carta Apostólica “Tertio Millennio Adveniente” de S. S. Juan Pablo II, al final del número 37, anima a la búsqueda del testimonio de la vida de hombres y mujeres que hayan vivido en este tiempo, y que hayan realizado su vocación cristiana en el matrimonio; para proponerlos como modelo y estímulo a los esposos cristianos. Ernesto Cofiño buscó la santificación en el matrimonio y la familia.
En la sociedad actual amenazada por la indiferencia religiosa, por el materialismo práctico, el hedonismo –que facilita que la gente se aísle, se vuelva egoísta – la vida del doctor Ernesto Cofiño Ubico es un mensaje de generosidad y entrega, ya que se puede decir, que la suya fue “una vida de servicio”. Su humildad es ejemplar. Ernesto tenía una gran personalidad, mucha simpatía y sentido del humor. Gozaba de un gran prestigio profesional como médico pediatra, como catedrático. Recibió muchos premios y condecoraciones. Ocupó puestos importantes. Nunca se sintió superior a nadie y a nadie trató con altanería. Consiguió en su vida una profunda coherencia cristiana.
El amor a los niños enfermos y necesitaos presidió toda su vida. Especialmente se prodigaba con los más pequeños indefensos: los huérfanos, los tuberculosos. Dejó en la mente des sus alumnos una idea clara para que fuera siempre una premisa invariable: “velar por el ser humano. Y velar por él es vigilarlo en su dignidad. Que no lo degrade el hambre, que no lo venza una ciencia apoyada en el afán de conquista”.
Su causa de beatificación y canonización
El 31 de julio del 2000, tuvo lugar la sesión de apertura del Proceso de Beatificación y Canonización en su fase diocesana. Fue presidida por el Sr. Arzobispo Mons. Próspero Penados del Barrio. El 5 de abril de 2001, al concluir el Tribunal la interrogación de los testigos, y recogida de los documentos concernientes a la Causa, tuvo lugar la sesión de clausura, también bajo la presidencia del Señor Arzobispo Primado de Guatemala. Las actas y la documentación del Proceso fueron presentadas en la Congregación para las Causas de los Santos en Roma, el día 5 de mayo de 2001.
Fama de santidad
La fama de santidad, que ya le acompañó durante su vida, ha ido en constante aumento después de su muerte, traspasando también las fronteras de Guatemala. Personas de Honduras, El Salvador, Costa Rica, y de los otros países de Centro América, México, Estados Unidos, Perú, Colombia, Puerto Rico, Chile, Uruguay, Austria, Francia, España, Holanda, Polonia, de Australia, Kenia, etc., han acudido a sus intercesión ante Dios, y le atribuyen muchos favores muy variados.
Personas que, por muchos años habían abandonado las prácticas religiosas, antes de morir se han convertido y recibido piadosamente los últimos sacramentos. Matrimonios que, después de esperar durante años tener hijos, por fin, los han recibido gozosos. Otros que necesitados de trabajo, después de rezarle lo han conseguido. También le atribuyen muchas curaciones milagrosas.






