Ingeniero Manuel Ángel Pérez Lara
Cuando me percaté que hoy tenía que dar estas palabras me cuestioné seriamente sobre el mensaje que debían contener ya que es evidente que su asistencia a este acto no es para rendir homenaje o agradecimiento a persona alguna – aunque estos sentimientos fluyan naturalmente como resultado del cariño y la admiración por el sacrificio y la fe mostrada por los que me han precedido - y como bien me ha enseñado el anterior rector a lo largo de estos 42 años de amistad, no estamos aquí por el aplauso, estamos para realizar una tarea a la que fuimos “llamados” a pesar de nuestras limitaciones personales.
Inspiración cristiana
Se menciona en nuestro ideario que la Universidad del Istmo es una Universidad de inspiración cristiana, “porque en su quehacer propio universitario entiende que la consideración unitaria del hombre, su relación trascendente con Dios, el sentido cristiano de toda realidad, son cuestiones que han de estar presentes en el cultivo de las ciencias con todas sus consecuencias”.
Partimos del presupuesto de que un verdadero universitario tiene el deber de buscar la verdad y no el mero incremento del conocimiento. … Hoy sigue retumbando el eco del llamado giro copernicano kantiano que se inició hace unos siglos con Rene Descartes y que comportó una inversión en el modo de hacer filosofía. ”… en la época precartesiana, la filosofía y por tanto, el cogito…, estaba subordinado al esse – tanto el mundo creado como el Creador – permanece en el campo del cogito, como contenido en la conciencia humana. La filosofía se ocupa de los seres en la medida en que son contenidos de la conciencia y no en cuanto existentes fuera de ella”. Pero este modernismo ha traído una gran decepción, en palabras del profesor Alejandro Llano: “ha traído consigo la mayor explosión de irracionalismo que la humanidad ha conocido hasta ahora; la supuesta transformación humanizadora del mundo nos ha puesto al borde de su destrucción… la utopía de la liberación total nos ha hecho experimentar la realidad del completo sometimiento”-
“Hay podríamos decir, cierto consenso en nuestro tiempo de que si bien la humanidad ha ganado en la codificación de los derechos del hombre, en avances en ciencia y tecnología, nunca antes el mismo hombre había estado tan lleno de conocimiento y tan vacío de verdad”. Esta situación ha llevado a que el siglo que acaba de terminar sea el más sangriento de toda la historia y del que nuestro país no ha sido una excepción. Los albores del siglo XXI nos han recibido con nuevas formas de violencia, terror y presagios de conflictos nucleares, los cuales parecían haberse disipado en las últimas décadas.
En este punto quiero llamar la atención de todos ustedes. Hoy hay una especie de silencio cómplice en el mundo académico ante una tragedia que vive el hombre de nuestro tiempo quizá peor que la guerra nuclear: el aborto, la clonación humana, la experimentación con seres humanos no nacidos, la eutanasia, entre otras muchas formas de desvalorización de la vida humana, han creado la llamada cultura de la muerte. Esta tragedia, quizá más dramática que la posible hecatombe nuclear por ser actual y no meramente potencial, tiende a ser opacada, acallada en muchos escenarios científicos, políticos y en los medios de comunicación.
Juan Pablo II en su obra Memoria e Identidad, al reflexionar sobre esto se pregunta ¿por qué ocurre todo esto?... la realidad es sencilla: simplemente porque se rechazó a Dios como creador y por ende, como fundamento para determinar lo que es bueno y lo que es malo. Se rehusó la noción de lo que, de la manera más profunda, nos constituye en seres humanos – somos criaturas: seres creados y participados- Nuestra sociedad, aunque no sea atea por sistema tiende a pensar y a actuar como si Dios no existiera. Una universidad seria, un universitario serio no puede ser indiferente, pasivo ante la problemática que se acaba de esbozar. La universidad, el universitario que no entre seriamente en el diálogo de fe y razón tiene dos peligros: o se queda solo con la fe y cae en un fideísmo sentimental y quebradizo o se hunde en un racionalismo mecanicista y estéril que le arrastrará al ateísmo teórico y práctico. El científico cristiano no ha de tener nunca el temor de contrastar situaciones contradictorias entre ciencia y fe.
Educación y Unidad de Vida
Otra consecuencia de la inspiración cristiana en nuestra universidad es que en el quehacer docente y en la formación de estudiantes, el profesor universitario ha de ser también un maestro de vida, que con coherencia de pensamiento, palabra y acción, con un compromiso libre, busque que sus discípulos aprendan a buscar y amar la verdad. Que haya como decimos aquí Unidad de Vida.
Obra de apostolado corporativo del Opus Dei
¿Qué significa? Las obras de apostolado corporativo son aquellas que, promovidas por fieles del Opus Dei junto con otras personas, tienen la garantía moral de la Prelatura. En ellas el Opus Dei se encarga exclusivamente de lo relativo a la orientación cristiana”.
Esta Universidad es laica por su constitución jurídica, por el espíritu que la anima, por la vida que se desarrolla en su campus y entre su comunidad académica. Por lo tanto su tarea no es ni oficial ni oficiosamente católica, ni actúa como órgano de la Iglesia. En consecuencia, los fieles de la Prelatura que laboran en la Universidad, siempre una minoría respecto al total de los colaboradores, al igual que los amigos, realizan su trabajo en función de su formación personal, sin comprometer a la Iglesia, ni a la Prelatura con sus tareas, frente a las cuales debemos asumir la responsabilidad personal que corresponde a cualquier ciudadano que se empeña en una labor profesional.
El carácter laical es un sello indeleble de esta universidad y como el mismo San Josemaría remarcaba: “Teneis que difundir por todas partes una verdadera mentalidad laical, que ha de llevar a tres conclusiones: a ser lo suficientemente honrados , para apechar con la propia responsabilidad personal; a ser lo suficientemente cristianos, para respetar a los hermanos en la fe, que proponen –en materias opinables- soluciones diversas a la que cada una de nosotros sostiene; y a ser lo suficientemente católicos, para no servirse de nuestra Madre la Iglesia, mezclándola en banderías Humanas”.
La Universidad del Istmo tampoco puede ser un centro aislado de la sociedad en la que está inmersa, no puede dar la espalda a los desafíos actuales de nuestra sociedad, siguiendo nuevamente las palabras de San Josemaría: “No serán estos centros- escribió en 1939- una especie de reductos defensivos, sino, por el contrario, un ejemplo manifiesto de espíritu abierto, de comprensión, y un modelo de colaboración científica”.
Con estos rasgos de inspiración cristiana: búsqueda sincera de la verdad, empeño por conseguir esa unidad de vida que ilusione a otros a superarnos y escuchando y colaborando en proponer soluciones que hagan a nuestro país, a la región y al mundo, un lugar verdaderamente más humano, la Universidad del Istmo, una vez más, esta lista para hacer realidad su lema: “saber para servir”.
Para terminar, quisiera hacer un paréntesis personal asumiendo la responsabilidad del caso, no sería posible estar hoy aquí si no fuera por Don Francis quien me planteó de nuevo, la primera vez fue el Rector Saliente, la posibilidad de colaborar en esta tarea; y por el apoyo y la compañía por más de 35 años de mi esposa Elizabeth, fuente de inspiración y ejemplo que, junto a nuestros 12 hijos hemos construido, como decía San Josemaría, un “hogar cristiano, luminoso y alegre”.
Muchas gracias.
Guatemala de la Asunción, 26 de agosto de 2008